“Dentro de 20 años estarás más decepcionado de las cosas que no hiciste que de las que hiciste. Así que desata amarras y navega alejándote de los puertos conocidos. Aprovecha los vientos alisios en tus velas. Explora. Sueña. Descubre”. Pablo Neruda

Estaba yo pensando en qué te podía regalar por Navidad y ¿sabes qué? creo que lo mejor que puedo pedir para ti es eso que decimos tan fácilmente pero conseguimos a duras penas: FELICIDAD. Por suerte, puedo decir que yo he encontrado la fórmula para alcanzar la mía, así que quiero compartir el secreto con vosotros:

¿Quieres ser feliz? Viaja. Es así de simple. No es una cuestión de cuánto gastes ni de lo lejos que vayas, sino de escapar de la rutina cual alma que lleva el diablo. Huye, amigo, huye de ella como si fuera la peste, porque la rutina te atonta, te adormila y te convierte en esa persona que juraste que jamás serías.

El trabajo, la casa, las obligaciones…solo pueden combatirse con aventuras, gente nueva, aprendizaje y mucha alegría. Y eso, queridos míos, se consigue viajando. La fórmula es simple: gasta tu dinero en experiencias, no en cosas. No importa que tengas poco o mucho, que vayas a un hotel de lujo en Brasil o de camping al pueblo de al lado. Lo importante es que cada vivencia que acumulas, se convierte en sabiduría, recuerdos, experiencia y por lo tanto, en felicidad.

Aunque los motivos para viajar son infinitos y personalísimos, te voy a dejar algunos de los míos para que, si te apetece, los hagas tuyos:

. Porque me lo merezco: así de claro, trabajo mucho, muchísimo. Y, aunque me encanta lo que hago, está claro que en otra vida debí ser un rico excéntrico al estilo Willy Fog o gitana, porque no hay nada que alegre más mi cuerpo serrano que dar tumbos por el mundo. Además, que queréis que os diga, hay que quererse y darse caprichos, porque si esperas a que te los den otros, puedes esperar sentado.

. Porque me hace mejor persona: siempre que viajo me doy cuenta de que el mundo es un lugar infinitamente mejor de lo que nos cuentan en los informativos ¿No os pasa? He estado en muchísimos países y no tengo un mal recuerdo de ninguno. Siempre que he necesitado ayuda o que me he visto sola, he encontrado una mano amiga y buena gente. Lo cierto es que cada vez que viajo me vuelvo menos cínica, menos egoísta y sobre todo, menos desconfiada.

. Porque soy libre: viajar es ser totalmente libre. Piénsalo. Solo suena el despertador si tú quieres, comes a la hora que te da la gana, hablas con quien te apetece y dedicas todo el día a hacer únicamente lo que te interesa. Eres tan tú, todo el tiempo que hasta asusta. ¿ Cuántos días al año podemos hacer realmente lo que queremos? Solo cuando estamos lejos de todo y de vacaciones.

. Porque aprendo y desaprendo: viajar debería ser convalidado como asignatura en cualquier carrera. Así de claro. Conocer otras realidades, otras culturas y otras formas de ver la vida nos ayuda a respetar y entender mejor a los demás y a nosotros mismos. Si te estancas en la rutina, tu mundo se ve limitado a una versión sesgada de la realidad. Pero cuando viajas eliminas prejuicios, aprendes a cuestionar lo aprendido y a aprender lo cuestionado. En definitiva, consigues ver todo con otros ojos.

.Porque conozco gente nueva: en cada viaje que he hecho he conocido gente nueva. Unos se han quedado en mi vida convirtiéndose en amigos y otros solo estuvieron de paso, pero de todos ellos he aprendido muchísimo. Su cultura, su idioma y su forma de entender el mundo, tan diferente a la mía, me han ayudado a entender que hay muchas formas de vivir la vida.

.Porque nunca me canso de ver lugares nuevos y no tan nuevos: si algo me ha quedado claro en cada viaje es que las fotos jamás hacen justicia a los rincones y monumentos más famosos, y que da igual cuantas veces vayas a un sitio, cada vez es diferente. Y por favor te lo pido, no te pierdas un lugar increíble por hacerte un selfie o andar subiendo una foto a Facebook. Vive el momento y recuerda que el mejor sitio donde puede quedar grabado es en tus recuerdos.

.Porque me obliga a superarme: viajando he aprendido a hacer rafting, he comido gusanos y hormigas fritas, he caminado más kilómetros de los que creí que podría soportar y he vencido el reparo a moverme sola por el mundo. Hazme caso, sacúdete el miedo de encima y sal ahí afuera, te aseguro que no tienes ni idea de la cantidad de cosas maravillosas que hay y que ni sabías que existen.

En definitiva, viaja, amigo, viaja. Por placer, por amor, por diversión, por cultura o porque sí. La felicidad está dentro de ti, pero también ahí fuera, esperándote y tú solo tienes que salir a encontrarla.

¡Feliz Navidad a todos!

Mer

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