MUCHO MÉXICO Y POCO MARIACHI

Uno de los mayores placeres de mi vida es viajar con mis amigos. Nuestros viajes están llenos de anécdotas, fiestas y locuras. Algunas de las cuales, estoy segura que os encantaría leer, pero no serán reproducidas en este blog, jamás. Por lo menos no mientras mi madre sepa leer.

Así que, cuando mi amiga Ana me llamó para decirme que tenía unos días libres y pensaba llenarlos de sol, mar y margaritas (y no precisamente de las de campo), lo tuve claro. ¡Me voy contigo!,  le dije. Y empecé a planear nuestro desembarco en aguas mexicanas.

Tras hacer una lista con los mejores sitios de marcha: CocobongoThe CityBlue Parrot o Santanera, metí en mi maleta todos los bikinis para el día y la ropa de guerra para la noche. Y así, a lo loco, entre tequila y mariachis, imaginaba yo mi viaje a la tierra de Pancho Villa. Pero, por suerte, y en honor a la verdad, he de decir que el viaje fue de todo menos loco.

Qué relax, qué paz, qué alegría más grande y qué abuelismo nos entró a las dos allí tumbadas en esa playa interminable, oiga. Que si tráeme un zumo, que si ahora un mojito….Vamos, que entre el sol, el alcohol y aquél calorcito maravilloso, llegábamos todos los días a la cena por los pelos.

Y es que la Riviera Maya es lo que tiene, que una llega dispuesta a darlo todo, pero ese lento ritmo caribeño, ese acento tan dulce y esos deliciosos platillos mexicanos hacen que te vuelvas zen al mismito cuarto de hora de haber pisado el hotel.

Menos mal que los lugareños, al tercer día de vernos tumbadas, cual girasoles siguiendo al sol, nos animaron a salir a conocer mundo y disfrutar de esa tierra tan maravillosa. Y aunque te adelanto que, si vas, va a ser difícil que la hamaca te libere, debes escapar de ella,  porque hay varios lugares que no te puedes perder:

Los cenotes: si vas a México y no te bañas en un cenote deberían detenerte. Lugar sagrado para los Mayas, sus aguas cristalinas están a 26 grados de felicidad para tu cuerpo serrano.

Tulúm, Chichén Itzá y Cobá: vestigio del pasado de una de las civilizaciones más fascinantes de la historia de la humanidad, estos restos arqueológicos mayas son dignos de ver. (Palabra de persona poco amante de los restos de cualquier tipo).

Río Secreto: 15 km de cavernas llenas formaciones rocosas alucinantes. El paseo se hace un poco largo porque son como 3 horas, pero merece la pena.

Si vas con niños, en el Parque Xel-Há podrán estar en contacto con delfines, rayas, manatíes y todo tipo de flora y fauna en el mayor acuario natural del mundo. Eso sí, hay que madrugar ya que algunas actividades tienen cupo limitado.

Si eres de los que buscan rincones con menos turismo, mi amigo Rolando me recomendó dos sitios únicos para bucear y hacer snorkel: El Lago Yal – Ku, de poca profundidad y con miles de peces de colores. Y el Cenote Manatí, en Tankah, un lugar tranquilo rodeado de una idílica naturaleza.

En definitiva, si estás pensando en cogerte un típico todo incluido en Riviera Maya, la respuesta es sí. ¡Hazlo! No te pierdas este paraíso, no hagas caso a los aguafiestas que dicen que es un viaje poco original. Para viajes de mochila y gasto recortado siempre hay tiempo. Así que, ya sabéis, como cantaban los chicos de Molotov:  ¡Viva México, ca…! bueno, seguid vosotros con la canción, que ésto lo lee mi madre.

Mer.

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