EN TU FIESTA ME COLÉ. MARRAKECH.

Mi vida es un continuo cambio, no me preguntéis por qué, pero es así. No sé si en otra vida fui camaleón o transformista, pero el tema es que no soy capaz de dejar las cosas estar. Así que, en estos días, me estoy mudando de casa por enésima vez. Como podéis imaginar, mi novio es inmensamente feliz con esta tara mía y mucho más feliz aún con mi perpetua promesa de que ésta vez va a ser la última.

Y ahí estábamos los dos ayer entre cajas (yo feliz y él considerando seriamente el divorcio), cuando aparecieron unas fotos de un viaje a Marrakech que hicimos hace unos años. Creedme si os digo que esas fotos han salvado mi relación. Con el cabreo que tenía “elamordemisamores” se le pasó de golpe al recordar aquellas vacaciones navideñas.

Veréis, contratamos un viaje organizado, bien baratito porque en aquélla época estábamos más tiesos que la mojama. Así que salimos de Madrid en un autocar rumbo a Granada donde visitamos la Alhambra y los jardines del Generalife. Ni falta hace que os diga que su belleza corta la respiración. Se queda una así como arrebatada. ¡Cómo vivían los nazaríes, oiga! ¡Qué jardines! ¡Qué frescor! Y yo que me creía la reina del mambo por tener terraza en Madrid.

Tras llegar a Algeciras, cruzamos el Estrecho de Gibraltar en el ferry rumbo Marruecos. Consejo: Recuerda llevar contigo todo lo que necesites antes de la travesía. Después, la bodega se cierra a los pasajeros y no podrás coger nada.

Al llegar a tierra, hicimos una visita a la ciudad amurallada de Asilah, una preciosa y turística localidad costera con cierto regustillo a los pueblos de las playas gaditanas. Las puertas Bab Homar y Bab Kasba, la torre Menagem y el Palacio de Raisuni son algunos de los lugares imprescindibles de este enclave.

Tras una breve visita a Casablanca, paramos en Rabat. A pesar de que la imagen que tenía de esta ciudad no era precisamente buena, debo decir que le encontré su encanto. La Torre Hassan, la Kasbah des Oudaias y el Palacio Real dan una idea de la belleza de este lugar.

Mi recomendación es que des un paseo por la Medina de Rabat. Y no, no empieces a imaginar cientos de vendedores persiguiéndote por todo el mercado cual gato al olor de las sardinas. Lo mejor de este zoco es que puedes pasear, tranquilamente, sin verte sometido al típico acoso al turista. Una delicia.

Finalmente, llegamos a nuestro hotel en Marrakech para pasar la noche de fin de año. Desde ese momento y hasta nuestro regreso, el viaje se convirtió en una sucesión de golpes de buena suerte y diversión que jamás se ha vuelto a repetir en ningún viaje.

Para empezar, nada más llegar al hotel nos comunican que debido a la gran afluencia de público, por coincidir ese año la Fiesta del Cordero con el año nuevo, debían trasladarnos a un hotel de 5 estrellas. Así, como lo oís, nos hicieron un upgrade hotelero en plena noche de fin de año. Ni que decir tiene que, por aquel entonces, yo no había visto un hotel así ni en pintura.

Ya instalados en nuestra nueva y lujosa habitación, nos comunican que, si bien tendremos una cena mejor que la contratada en el primer hotel, no tendríamos acceso a la cena de gala y posterior fiesta que se celebraba esa noche allí. Pues con la ignorancia y el morrazo da la juventud, decidí que de cena de tercerola, nanay, que la menda se había llevado hasta allí su vestido de nochevieja y que se lo ponía esa noche sí o sí.

Y así fue como, en pleno Marruecos, yo, que no consigo colarme ni en el Mercadona, arrastré a mi chico a la cena y la fiesta más alucinante a la que he asistido jamás. Y lo que es mejor, por la patilla. El pobre aún se pone rojo como un pimiento cuando se acuerda. El fin de fiesta en el que me subí a cantar al escenario me ha prohibido contarlo, y como lee esto, o eso dice, mejor volvemos a lo que os interesa.

Algunos lugares que no te puedes perder en Marrakech son:

  • La Plaza de Jama el Fna: donde se desarrolla el día a día de los marrakechíes. Sí, sí marrakechíes, majos, que lo he buscado en Google.
  • La Mezquita Koutoubia: edificio más alto de la ciudad y modelo de las mezquitas de Rabat y de la Giralda de Sevilla.
  • Medersa Ben Youssef: es la madraza más grande de Marruecos. Aunque en sus buenos tiempos albergaba a más de 800 estudiantes cerró sus puertas, como escuela, en 1960.
  • El Palmeral de Marrakech y los jardines de Menara y Majorelle: aunque menos conocidos te recomiendo que no te pierdas Majorelle.
  • El Zoco: Lugar donde los locales compran y los vendedores tratan de hacer el agosto con los turistas. Es por esto que no sólo puedes sino que debes regatear.
  • Barrios de Guèliz e Hivernage: Es la zona más europea de Marrakech. Vamos, que te encuentras un Zara a la vuelta de la esquina. Su calle más famosa es la Avenida Mohammed V.

Los amigos que hicimos por el camino, y el regateo más largo de la historia para conseguir la alfombra que aún decora mi salón, os lo cuento en otro post. Ahora os dejo que la mudanza me espera, aunque, si os digo la verdad, no sé yo si esta casa termina de convencerme…  😉

Mer

 

 

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